La verdad que cada día me sorprendo más con estos nuevos partidos que surgen para canalizar el, a veces, más que normal descontento de los votantes con los partidos tradicionales. Quizás  se haya perdido esa conexión con la realidad y los nuevos chicos del barrio hayan sabido llegar mejor a sus inquietudes, pero los que somos derechita cobarde, en palabras de ese Mesías con barbita  y caballo, está claro que tenemos más que aportar que esos John Wayne venidos a más.

Ser derechita cobarde para el señor de VOX es aplicar la Ley, respetar la Constitución y a las personas. Es respetar al que piensa distinto para poder elegir desde una posición de igualdad lo mismo para mí. No necesitamos un anuncio propio de las pelis de las sobremesa de 13TV para trasmitir nuestro mensaje, y lo más importante, nuestras medidas para mejorar España. Tenemos la experiencia de nuestro lado y, lo más importante, un curriculum más amplio que las dos líneas que ocupa el de Abascal.

El concepto “derechita cobarde”, repetido igual que Coca Cola en su día con el “Sensación de vivir”, dura lo que se tarda en entrar en Google y comprobar que todas las afirmaciones del señor Abascal son mentira, inexactas o auténticas estupideces. Cojamos las estadísticas sobre denuncias falsas en Violencia de Genero o las ventajas de tener una escopeta bajo la cama, y vemos como ninguna aguanta un mínimo escrutinio racional ni se escapa de formar parte del argumento de una tira cómica.

Pero imaginemos que no siento orgullo por defender la libertad individual sin querer pisar la del de enfrente ni creo que haya un problema de violencia de genero que es necesario atajar (aunque eso no suponga un cheque en blanco a la Ley de Violencia de Genero que opino debe ser objeto de cambios) y, por supuesto, si quiero acercarme a los argumentos de VOX, tampoco pienso que el problema de Cataluña no se soluciona haciendo caso a un “cuñado” en la barra de un bar y soñando con marchas miliotares por la diagonal. Imaginemos que por un momento que me creo a Abascal y su cuadrilla de vociferantes con apellidos compuestos. Sé que cuesta imaginar alguien así pero, a la vista de los resultados en Andalucía y en las encuestas, parece que hay muchos (aun están a tiempo de cambiar) que lo hacen.

Siguiendo con el supuesto, si eso sucediera y VOX intentara cumplir todos y cada uno de sus objetivos e intentara hacer realidad el sueño de Charlton Heston, esta legislatura que se avecina iba a ser muy corta. No hay una sola propuesta en todas las que hasta ahora se han oído a los chicos de verde que no sea objeto de reforma agravada de la Constitución por la vía del artículo 168 CE.

La de prohibir los Mossos de esquadra quizás si se podría hacer por el 167, necesitando solo mayoría de 3/5 en ambas Cámaras, pero para el resto haría falta convocatoria de elecciones y mayoría de 2/3 en las cortes salientes y entrantes. Seremos derechita cobarde, pero sabemos de números y no les llegan (a Dios gracias) para tanto programa de máximos.

Sin embargo, de las medidas que si están en su mano tomar, ni media. Ni una sola orientada a solucionar los problemas del día a día en asuntos como educación, sanidad, I+D, empleo o hacer carreteras (suena aburrido pero son imprescindibles). En todas las cosas que preocupan al español de hoy, el de verdad al que no se le llena la cabeza de pájaros, VOX está inédito, y lo que es más raro, mudo.

Seremos derechita cobarde, pero orgullosos si la alternativa es un partido a la que la gente le da igual (a las pruebas me remito cuando no proponen ni una cosa para mejorar su día a día) y que, como PODEMOS, se cree que los problemas se solucionan con medidas populistas. La única diferencia entre los de Pablo Iglesias y los de VOX, es que en PODEMOS les va más la cerveza y a estos el Soberano a la hora de apoyar el codo y arreglar el país entre sorbo y sorbo.

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