No olviden su cara, recuerden bien a este señor. Si aún queda gente que no lo conozca, se corresponde con la de Pedro Sánchez Pérez – Castejón, sorprendentemente aún, Secretario General del PSOE que lo ha reducido a su mínima expresión, al peor resultado histórico. Es el candidato que no dimite con 85 diputados, tampoco con 90, mientras que otros con más dignidad, asumieron que 110 y 120 era una derrota sin paliativos.

Es el rostro del perdedor que se niega a reconocerse como tal, y obcecado en que está llamado a algo más grande que los españoles, una y otra vez le niegan, insiste en querer conseguirlo.

No sé a día de escribir esto, nueve de julio de 2016, si iremos a unas terceras elecciones que supondrían, además de un fracaso y la sordera de ciertos candidatos a los gritos de los españoles, la constatación de que a ciertos candidatos a presidir España, lo que menos les importa es la nación, el Estado. Los que pedían un Sí por el cambio, en verdad querían un sí para ellos, para su carrera y proyección personal. Un Sí que los colocara en la Moncloa, da igual para qué, solo que les hiciera presidente de un país que ya por dos veces ha dicho que no los quiere.

El Comité Federal ha ratificado en su puesto  a este señor, y también avalado su política de pactos, es decir, decir no a todo y todos. No hay negociación posible con el ganador, ni mucho menos facilitar que España tenga un gobierno para hacer frente a los problemas que vienen. Su política es el no, por el no, el obstruccionismo más ruín. Al menos esta vez no hará el paripé de ir  a suplicar desde el Congreso de los Diputados que lo elijan. Esta vez, opta por otra estrategia, esperar e intentarlo desde dentro.

Y no se creen solos en esa realidad paralela donde, con solo 85 de 350, se creen capaces de gobernar un país. Por curioso que parezca, personajes ambiciosos, sin escrúpulos y sin más intereses que los suyos, como la ejecutiva socialista de Pedro Sánchez, sospechan que podrán encontrar iguales en las cortes que vendrán. Cuentan, con que si no hay terceras elecciones y finalmente se evita el gasto,(innecesario si supieran leer los resultados del 26J mejor que leyeron los del 20D,), podrán, en los despachos, deponer un gobierno y ponerlo a él. No sería presidente cuatro años, ni elegido en las urnas, pero sería presidente y muchos de ellos Ministros, que al final es lo que cuenta.

La moción de censura está prevista para casos en que un gobierno, que lo hace rematadamente mal, debe ser cesado y cambiado en el acto por otro. La censura en España, es del tipo constructivo, es decir, en el mismo acto que se pide a la cámara la destitución del presidente, y su gobierno, se pide la confianza para uno nuevo. No hay nuevas elecciones ni consultas al cuerpo electoral, y el cambio es inmediato.

En esto fía su estrategia el aún (lo será mientras a Susana Díaz le venga mal dar el salto) líder socialista. Cuenta con que su amigo Rivera, y alguno más, den rienda suelta al odio al PP y todo lo que representamos (estabilidad, empleo, recuperación en momentos difíciles, lucha contra la pobreza a través del crecimiento y no de subsidios, etc…), y encumbren a este personaje a la presidencia.

El PSOE dice no a Mariano Rajoy, y no a lo que los españoles han decido el 26J. Por eso, y mucho más que sería largo de contar, no olviden su cara. Si vamos a unas terceras elecciones, este señor será el responsable de obligarnos a repetirlas. Será culpable, igual que lo es de que el PSOE, en lugar de un partido con sentido de Estado y serio con quien negociar, sea una camarilla sin personalidad donde lo que importa es el líder, y su ambición.

No olviden su cara, para que cuando este señor vuelva más tarde o más temprano a hablar de que hay que dejar atrás los vetos, escuchar a la gente, y todo eso que repite hasta la saciedad sin que nadie le crea; recuerden que ya van 17 noes al ganador y elegido por una mayoría de españoles. Si eso no es vetar que cambien la definición del diccionario.

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