Javier Fernández, el desaparecido presidente asturiano, no es Rajoy. Algo evidente no solo por las distintas políticas, que también, sino principalmente por el doble rasero que muestra el PSOE cada vez tiene oportunidad. No sienten cargo de conciencia alguno por defender en Asturias lo contrario a lo que se defiende en Madrid, tampoco les quita el sueño exigir que los demás hagan lo que ellos no se atreven.

Este doble rasero infame que practica la oposición al Partido Popular, indigna a cualquiera con un mínimo de coherencia porque convierte las instituciones en algo secundario y al servicio, no de los ciudadanos, sino de los intereses electorales de los partidos perdedores. La actitud socialista, convierte la Junta General del Principado de Asturias en un órgano auxiliar, un trámite molesto para Javier Fernández que siempre que puede evitarlo lo hará.

Otra de las diferencias entre el que dice ser Presidente de Asturias, pero desiste a ejercer, y Rajoy, es que mientras el Presidente ya cesado del Gobierno de España tiene que comparecer cada semana y por todo, el electo hace menos de un año en Asturias puede, libremente, decidir esconderse sin que casi nadie se lo reproche.

Si lo comparamos con la actitud de plañideras de Ciudadanos, PODEMOS, Izquierda Unida y el propio PSOE en el Congreso de los Diputados, donde exigen que comparezca Rajoy incluso si le ponen una multa de tráfico al bedel de La Moncloa, la actitud de Javier Fernández es aún más hiriente y ofensiva. La exigencia para que comparezca Rajoy, siendo un Presidente en funciones que solo puede gestionar los asuntos ordinarios y con un parlamento que no lo ha elegido, no existe, según informes jurídicos de Moncloa, pero se la inventan como hacen cuando la verdad contradice sus discursos.

Sin las comparecencias de Rajoy, Rivera, Iglesias y sobre todo Sánchez, se quedan sin un micrófono desde el cual lanzar sus mítines de precampaña; y sin argumentos para hilvanar un discurso distinto al lacrimógeno. Necesitan seguir intentando modificar en los despachos lo que los españoles decidieron en las urnas sin que se note, y para ello, para que parezca que hacen algo distinto a jugar al juego de las sillas musicales pero sin música, necesitan inventarse polémicas nuevas, forzando situaciones absurdas, como la de un presidente que explica la declaración de la renta de hace 20 años de un ministro. Sin estas exigencias, y lo absurdo de algunos temas que preguntan, lo único que se oiría en España serían las peinetas de Pablo Iglesias a Sánchez y las suplicas de este a PODEMOS.

Por el contrario la oposición en Asturias, no necesita de discursos para despistar sino que comparezca Javier Fernández para explicar sus planes. El PSOE asturiano se cree libre para utilizar la prensa a modo Boletín Oficial, mientras que la oposición no lo es para exigir que lo explicado conste en acta.

Así están las cosas. Si los asturianos queremos enterarnos de qué quiere hacer nuestro Presidente en la zona centro de la región, y en que consiste ese consorcio sacado de la manga, pues nos toca pasar por los quioscos.

Frente al surrealismo de exigir a Rajoy que comparezca a dar explicaciones que ni le competen ni tiene que dar, tenemos la cobardía de Javier Fernández que no está en funciones pero que, a efectos prácticos, trabaja como si lo estuviera, solo lo justo y necesario.

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