Una de las primeras cosas que ha dicho la flamante Ministra de Administraciones Públicas es que hay reformar la Constitución para dar encaje al Estatuto de 2005. Entiendo que cuando llegas al poder mediante una moción de censura con el apoyo de los “creadores” de esa bestia jurídica, te sientas en la necesidad de contentarlos, pero no puede ser, nunca, a costa de modificar las reglas de juego y de apagar los cortafuegos que hasta ahora tiene el Estado de Derecho frente a las agresiones independentistas. Hay peajes que, sencillamente, un gobierno que aspire a seguir siendo de todos no puede ni debe pagar, pero es que, además, hay errores que por ser tan manifiestos, no se deberían volver a cometer.

No obstante, en este caso estamos a su entera merced. Pesa más el ansia de poder de quien no gana unas elecciones ni a tiros, que la sensatez a la hora de ejercer un cargo como el de Presidente del Gobierno que representa a cuarenta y siete millones de habitantes, de los cuales, solo siete millones y medio son catalanes.

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