El socialismo tiene la mala costumbre de contaminarlo todo para perpetuarse en el poder a través de hacerse imprescindible. Lo hace principalmente con políticas populistas que, con la excusa de luchar contra la pobreza lo que hace es eternizarla para, cada cuatro años, volver a ofrecerse como solución. Es conocido que, algo que deberían aprender las tabacaleras, no es bueno acabar con tus clientes y con la gente que te compra, en este caso, el discurso. Otra forma de perpetuarse en el poder es creando una red clientelar en la que te voten, no solo a los que enchufes, sino los que quieren tener la oportunidad de entrar enchufados. Y, por último, manipulando las encuestas y la voluntad de los votantes. En este último punto, encaja la mentira del CIS contada ayer y que reúne dos de los tres presupuestos anteriores, enchufado socialista que manipula encuestas.

En su día hable del fenómeno Bandwagon en política, y como el decir que vas a ganar y que sea creíble, hace que más gente te vote por que a nadie le gusta estar del bando perdedor. Este fenómeno es el mismo que el denominado efecto Pigmalión que, en el ámbito social, lleva a que las personas adopten una postura en función de lo que se espera de ellas, y de lo que se considere que se debe hacer.

Y esto se consigue, principalmente, con las encuestas.

Las encuestas son el método más rápido para que la gente se crea que vas a ganar. No es lo mismo que tu salgas en los medios de comunicación diciendo que eres el mejor y vas primero, porque de ti se espera que lo hagas, a que lo un tercero, se supone que imparcial, lo diga.

Ese tercero le dota de esa sensación de independencia que suma credibilidad. Es como cuando te dicen tengo un amigo que vio tal hecho, como para reafirmar algo sobre lo que se siembran dudas. En este punto, en política, las encuestas son ese amigo que vio esto o aquello.

No cuadran 9 puntos arriba, no solo por la diferencia con las encuestas de todos los medios, sino, además, porque supone una debacle para los dos principales partidos del Centro – Derecha, y un trasvase de votos en una única dirección, el PSOE. Lo lógico es que, si el PP perdiera esos votos, Cs tuviera un buen resultado, no cuadra un votante del PP que se pase a votar al PSOE, como no cuadraría al revés, salvo un voto de castigo o en situacion excepcionales como la crisis de 2011.

El voto de castigo tendría sentido en el CIS anterior con la sentencia Gurtel aun fresca, pero no un mes y algo después cuando se supone que la indignación inicial que pudiera haber remite. Es una encuesta que nadie que se dedique al mundo demoscópico da por veraz, o como mínimo, bien “cocinada”. Como muestra un botón, las manipulaciones de quien Sánchez ha nombrado para dirigir el CIS, tienen un claro sesgo pro PSOE, y así lo denuncia Narciso Michavila, presidente de GAD3, al acusar al señor Tezanos de “cambiar el sistema de asignación, incorporando los valores de la simpatía” para que el PSOE salga favorecido.

Lo vergonzoso del caso, y que haría caer la cara de vergüenza a cualquiera que la tuviera, es que cumple su objetivo y se utiliza para que quien mintió a todo el mundo, siendo fiel a su trayectoria cómo más falso que un euro de madera, se atrinchere en La Moncloa, y lo que en el debate de la moción de censura era convocar elecciones, se haya convertido en aguantar con 85 diputados y pagando deudas a cuenta de nuestro futuro hasta 2020.

España tiene el presidente que nunca quiso, y sufriremos la falta de ética, dignidad y respeto por los ciudadanos de este para mantenerse en el poder manipulando y corrompiendo todos los instrumentos del Estado que le permita convertirse en un presidente electo.