A propósito de la azarosa vida de Ferreras en la Generalitat, dónde sufrió de todo, me gustaría, por primera y no sé por qué, pero me da que última, defender al presentador de La Sexta. No lo voy a negar, no es santo de mi devoción, aún así, quien no le deja hacer su trabajo, lo amenaza, insulta o intenta agredirle, simplemente es uno más de los nazis y fascistas que el independentismo catalán ha criado estos años con la parsimonia de nuestro Estado. En Cataluña han criado analfabetos sociales, bestias para utilizarlas días como el domingo. Niños soldado, adolescentes que no saben su historia. Universitarios que dicen que quieren irse porque “son mejores que nosotros”, camisas negras al servicio de un gobierno autonómico cateto y delincuente. El nacionalismo catalán, representa el sueño húmedo de Mussolini. Criaturas al servicio del Estado, robots que, en lugar de batería, se recargan con la Senyera.

Estoy muy cabreado, porque, aparte de que mi paciencia es como la vergüenza de Puigdemont, escasa, veo que esto en lugar de ir a menos, va a más. Animados por un gobierno que hace mucho dejó de gobernar, tenemos una sociedad catalana fracturada, rota e improductiva.

El Estado de las autonomías ha fracasado. Esto ya no es te doy más dinero o esta competencia o aquella, sino que hay replantearse algo que debieron hacer todos los presidentes desde Felipe González, pasando por Aznar, y terminando con el más inútil de todos, Zapatero.

Está agotado el margen y el crédito. La teoría del te voy dando y me apruebas esto o aquello, o el te voy dando y no me montas bulla, tiene la vida que tiene, y normalmente no es mucha.

Ha llegado el momento de cerrar esa página de la historia y abrir otra.

Quieren reforma de la Constitución, pues se hace, pero no en el sentido que quiere el socialismo miserable que busca votos dónde sea y de quien sea. La reforma que se haya de hacer, se tiene que hacer pensando en España, en toda ella, y no con la calculadora en la mano.

Podemos empezar por el Título VIII, y es mucho más sencillo que convertir a España en una especie de reino de Taifas que nunca funcionó, ni en formar 17 naciones o más si dejamos a Adriana Lastra. Ni a los musulmanes, impulsores de los mismos les salió bien pues acabaron apaleados por los descendientes de un tal Pelayo.

El 167 determina que para modificar la Constitución (salvo el procedimiento agravado del 168 que es para una modificación completa o del Título preliminar, Título I, capítulo II Sección 1ª, o al título II), solo es necesario una mayoría de 3 quintos en cada cámara. Es decir, 210 diputados, y a día de hoy, 160 senadores, pueden recuperar competencias para el Estado.

Basta ya de tantas tonterías. Se habla de aplicar el 155 y estoy de acuerdo, pero más importante es modificar el 148, 149 y 150, porque a través de ellos se han convertido la mayor parte de las tropelías de este país.

Pero no pararse ahí, si no te presentas en todo el territorio, no puedes ser la tercera fuerza. La LOREG también hay que modificarla para evitar el chantaje nacionalista. Solo si consigues un mínimo en el total del Estado, estás legitimado para sentar tus posaderas en el Congreso y no permitir que personajes como Rufián, que de no ser independentistas venderían Kleenex en semáforos de la Diagonal, mancillen la institución con sus tonterías semanales. Cómo cámara territorial tienes el Senado.

Basta ya de paños calientes, Cataluña es el ejemplo de lo que pasa cuando no supervisas y permites y permites. Los catalanes nos han abierto los ojos a la realidad, y por dura que sea, tiene solución. Solo falta voluntad.