A Javier Fernández le crecen los enanos, y no solo dentro de su partido donde estos ya han pegado el oportuno estirón, sino en sus negociaciones para evitar otra prorroga presupuestaria que nos hunda aún más, y nos mantenga en el vagón de cola de la recuperación. Asturias está secuestrada por una izquierda que mira más por un Pablo Iglesias vicepresidente, que por una región que pueda invertir para crear empleo. Necesitamos presupuestos, y Llamazares y León (enfadados pero unidos), lo supeditan a que el PSOE no pacte con el PP la investidura de Mariano Rajoy. Claramente los números importan menos que los sillones.

Le crecen los enanos y se vuelve en su contra su estrategia de hablar con quién no tiene interés en hacerlo. A PODEMOS e Izquierda Unida, lo que en junio se llamaba Unidos Podemos, los presupuestos son un medio para chantajear al socialismo asturiano que hoy dirige el aquelarre socialista nacional. Que se puedan hacer nuevas carreteras, mejorar las existentes y ampliar los servicios públicos, queda supeditado a que Pablo Iglesias sea el vicepresidente plenipotenciario que controle la televisión, la policía, la justicia, y en general, todo aquello que no tenga que ver con la política social, de la que solo habla en periodo electoral pero que prefiere no gestionar.

Pero no solo se puede responsabilizar de que los presupuestos asturianos estén en el aire, a la nueva izquierda que chantajea y extorsiona como siempre, sino que el PSOE debe asumir su culpa, no solo por acercarse a los citados, sino por hacerlo en exclusiva ignorando al resto del Parlamento asturiano.

Javier Fernández puede tener presupuestos cuando quiera, solo necesita hacer caso al sentido común y hacerlo bien. Solo necesita tener miras más abiertas, y escuchar a Mercedes Fernández cuando le ofrece un pacto para aprobar presupuestos si atiende a las necesidades de los asturianos.

La reforma fiscal es algo que no se puede retrasar. La eliminación del impuesto injusto de sucesiones que condena a los que han trabajado toda su vida a pagar más de una vez por lo mismo, es una reforma que si bien se resiste a realizar el PSOE (no hace ni el parche prometido de solucionar el error de salto), la región no se puede permitir retrasarla por más tiempo si quiere ser competitiva y evitar la emigración fiscal.

Algo similar sucede con el impuesto de Hidrocarburos, el céntimo sanitario que nos encarece el transporte en la región, con todo el impacto económico que ello supone, y que provoca que no seamos tan competitivos, encareciendo los costes en relación con nuestros vecinos. Galicia, Castilla y León y Cantabria lo tienen más bajo.

Asturias necesita presupuestos, unos buenos presupuestos, y para eso es necesario romper con una izquierda que los usa para garantizarse sillones y sentarse a negociar con personas dispuestas a mirar por el bien de la región, sin personalismos ni más ambición que la prosperidad de una región castigada por más de veinte años de un socialismo. España necesita gobierno como Asturias necesita inversión, y todo pasa por las mismas manos, las de Javier Fernández.